sábado, 25 de abril de 2009

POLÍTICA ECONÓMICA DE ROSAS

Cuando Rosas asumió el gobierno en 1829 la situación de las finanzas fiscales de Buenos Aires era pésima y los negocios particulares habían sufrido grandemente por la disminución del comercia exterior como consecuencia de la guerra con el Brasil.
La economía porteña se apoyaba en la producción ganadera y el comercio exterior, razón por la cual su interés primordial eran los campos baratos y los bajos impuestos a la exportación. Rosas procuró no innovar en la materia durante su primer gobierno. Se dedicó a poner orden a la administración, haciendo economía en los gastos e imponiendo un mejor control. Fiel a los intereses de los ganaderos y propietarios, evitó aumentar los impuestos que además de perjudicar los negocios de éstos hubieran provocado un aumento en el costo de la vida. Centró sus esfuerzos en disminuir el déficit presupuestario ya que no podía alcanzar el equilibro y estabilizar el valor del papel moneda.
Durante el interregno Balcarce-Viamonte-Maza no se produjo innovación alguna de trascendencia y cuando Rosas retomó el gobierno la deuda pública seguía siendo crecida y el problema financiero porteño insoluble.
Su acción se orientó hacia dos objetivos concretos y limitados: economía en los gastos y eficacia en la percepción y administración de las rentas. Perfeccionó el régimen aduanero. Recurrió a la venta de tierras públicas para palear el déficit.
Cerró la universidad y suprimió los fondos para asilos y hospitales, mantuvo un abultado presupuesto policial y no dejó de aplicar fondos a fines políticos. En cuento al presupuesto militar, continuó gravitando seriamente sobre los gastos. Logró reducir la deuda interna.
Rosas nunca se decidió hacer sacrificios para pagar a los acreedores extranjeros. El problema fundamental fue la oposición entre librecambistas y proteccionistas. La polémica no afectaba a los porteños, pues unitarios y federales eran partidarios del librecambio, aunque diferían en la forma de aplicarlo. Sólo grupos pequeños y de poca importancia sentían la atracción por el proteccionismo. Las otras provincias querían proteger su producción frente a la competencia extranjera y deseaban un aumento de los impuestos aduaneros. Cuando en su primer gobierno Rosas desgravó la importación, algunas provincias se consideraron traicionadas. Pero Rosas defendía los intereses ganaderos.
En la Comisión Representativa en 1832 se discutió sobre el proteccionismo. El delegado porteño dijo que el proteccionismo era contrario al progreso de la industria pecuaria, que perjudicaría el comercio de exportación y aumentaría el costo de la vida. Criticó el librecambio como fatal para el país, ya que si bien beneficiaba a la ganadería importaba una postergación indefinida del desarrollo industrial. Exigía que no monopolizara el comercio exterior y que los ríos Paraná y Uruguay se abrieran a dicho comercio, haciendo partícipes a las provincias de los beneficios fiscales de aquél.
Buenos Aires sólo podía oponer el argumento de que habiendo recaído en ella la deuda nacional de la época rivadaviana, era lógico que monopolizara la principal fuente de recursos con que debía pagar esa deuda.
La ley del 18 de diciembre de 1835 aumentó las tasas aduaneras a la importación en general, liberó totalmente de tasas a los productos que Buenos Aires producía con un alto nivel de calidad y prohibió la introducción de ciertos productos (trigo, harina, etc) producidos en el país, rompiendo así por primera vez con la tradición librecambista. Los productores de vino, textiles y lanas del interior también se beneficiaron y tuvieron la impresión de que Buenos Aires empezaba una política económica de interés nacional.
En 1837 Rosas volvió a aumentar las tarifas, pero al producirse el bloqueo francés, las pérdidas del comercio le llevaron a reducirlas un tercio. Empezó a sentirse una progresiva escasez de productos manufacturados. Desde 1841 se permitió la introducción de artículos prohibidos por la ley de 1835, lo que prácticamente ponía fin al experimento.
En 1848 el fin de la guerra internacional brindó ciertas condiciones para un nuevo aumento de las tarifas.
La política de Rosas estuvo enderezada a poder disponer del mayor número de tierras públicas enajenables, como medio de poblar la pampa y como recurso fiscal. Cuando el bloqueo de 1838-1839 se previeron dificultades para la exportación y en consecuencia disminuyó el interés por la compra de tierras y la provincia quedó con grandes extensiones que no pudo vender.
Las dificultades para el desarrollo agrícola eran muchas: escasez de mano de obra y su alto costo, métodos primitivos, falta de capital y costo de transporte. La política económica de Rosas en el ámbito restringido de la provincia se caracterizó por el orden fiscal, una excesiva dependencia de los intereses ganaderos, y en lo demás, pragmatismo y falta de imaginación. Buenos Aires quiso cargar con la responsabilidad política del país en el plano interno o internacional pero se negó a responsabilizarse de su bienestar económico y social.
El localismo porteño tenía dos vertientes: una de ellas propendía a librar a Buenos Aires del peso muerto de una federación de provincias empobrecidas. La otra era la que afirmaba el vitalismo porteño para imponerlo al resto del país. El aislacionismo económico chocaba con el intervensionismo político. Llegó un momento en que las perturbaciones que ocasionaba el mantenimiento del sistema terminaron siendo mayores que sus ventajas. Tanto en el plano económico como en el político, el tiempo de Rosas había acabado y solo faltaba el movimiento que lo derribara.

Fuente: García Belzunce

Los enemigos de Rosas intentaron la lucha desde el interior y desde el exterior. Los que abandonaban la patria sólo podían llevarse el equipaje de su pobreza. “Toda alhaja de oro y plata que se incautase a menos de cien varas de la costa será considerada de contrabando y su valor entregado a los denunciantes y aprehensores”, decía una resolución. En cuanto a las propiedades inmuebles de los que se marchaba , juzgadas como “bienes del difunto” alimentaban el botín a repartirse.
El resultado de esta lucha antirrosista fue que la tiranía no consiguió imponer ni la paz ni el orden en la Argentina. El plan de Rosas era restaurar el pasado colonial. La tiranía monopolizaba la tierra y el ganado.
Según una ley, las tierras públicas de la época de Rivadavia no debían enajenarse. Entregó las tierras pública a los grandes propietarios que la destinaron a campos de pastoreo. A expensas de los vencidos, se regalaban animales.
La existencia de saladeros impedía la aparición de la propiedad ganadera o agrícola. Los que no eran dueños de estancias debieron trabajar como peones y quedar sometidos al despotismo de los patrones, ya que eran azotados de mala manera. El salario se pagaba con carne, yerba y tabaco.
En agosto de 1830 Rosas eliminó la Comisión de Inmigración que Rivadavia había creado en 1824. La necesidad de mano de obra de ciertas industrias, llevó al gobierno a revocar parcialmente, en 1931, la ley que en 1813, había prohibido la importación de negros.
El papel moneda se desvalorizó. Rosas obligó a aceptar los nuevos billetes. El peso papel, frente al otro, perdió su valor. Se reforzó un sistema de producción que se encontraba más cerca de la economía medieval que de la capitalista. En 1935 sancionó una ley de aduanas que benefició a las industrias provinciales, pero el sistema fue siendo el mismo, sólo el puerto de Buenos Aires era el habilitado para el comercio de ultramar. El litoral salía perdiendo.
Los ingleses, enemigos de Rivadavia, eran amigos de Rosas, principalmente el cónsul general, Woodbine Parish. La política financiera tuvo apoyo de Inglaterra. Su actitud en contra de la unificación del país, convenía a los propósitos de dominación inglesa porque así podría penetrar más fácilmente en el país. Pero, después del año 1830 aparece Francia que se estaba expandiendo industrial y comercialmente. Se enfrentó con Inglaterra por el dominio de mercados en el Río de la Plata. Estableció su base de operaciones en Montevideo. Expandió la industria de saladeros por Uruguay. En 1837, el puerto de Montevideo exportaba cantidades de tasajo muy superiores a las del puerto de Buenos Aires. Así se convirtió en un serio rival. Entre 1829 y 1839, se multiplicó la inmigración de franceses y genoveses en Montevideo. Gran parte de los antirrosistas se fueron a Uruguay.
Rosas inició su lucha comercial recargando con un 25% los derecho de las mercaderías que se hubieran trasbordado en Montevideo. Afectaba a los ingresos de aduana del Uruguay y al comercio francés. El cónsul de Francia protesto por la incorporación de franceses a las tropas de Rosas. El almirante Leblanc estableció el bloqueo del puerto de Buenos Aires. Las provincias del litoral se aliaron con los franceses. No conforme con el bloqueo, los franceses, se apoderaron de la isla Martín García. Rosas buscó apoyo de los ingleses y lograron un triunfo frente a la industria francesa que sólo vendía artículos de lujos. En cambio, Inglaterra enviaba a Buenos Aires, telas de algodón y de lana, utensillos de hierro y artículos de loza, vidrio, etc.
La política financiera de Rosas, de emisiones incontroladas de papel moneda y la falta de pago de las obligaciones de la deuda pública perjudicaban a los comerciantes e inversores. Rosas había cerrado a los buques extranjeros los ríos Paraná y Uruguay, impidiendo el comercio con Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes.
Pero en 1845, ambas potencias, Inglaterra y Francia, se unieron para derrotar a Rosas. Pero éste rechazó las negociaciones y enfrentó el nuevo bloqueo del puerto. Los barcos adversarios subieron por el Paraná y llegaron al Paraguay. Los buques de guerra ingleses y franceses lucharon a cañonazos contra las baterías rosistas instaladas en tierra. Ante esta situación, Estados Unidos, se convirtió en los comprados del tasajo de los saladeros y vendedores de grandes cantidades de harina. En esta época, EEUU, desplazó sus buques hacia México para comenzar una guerra.
Inglaterra y Francia negociaban con Rosas por separado. La paz fue impuesta por los intereses de los dos bandos. La paz se firmó en 1850, los dos países reconocían el control del río Paraná a Rosas; en cuanto al río Uruguay, el dominio debía compartirlo con Uruguay, Rosas se comprometió a reanudar el pago de la deuda con Inglaterra.
Es evidente que la política de Rosas, al no unir las provincias argentinas en una nación organizada y al no aceptar los cambios técnicos y económicos que el mundo imponía es la principal razón de los riesgos que frente a las ambiciones extranjeras corrieron la integridad territorial y la independencia argentina.

Fuente: NUEVA HISTORIA ARGENTINA – Gustavo Levene

Oscilaciones políticas

En 20 años de hegemonía rosista ningún progrese ha hecho la economía de las tierras a ella sometidas. También tuvo que ver mucho las temporadas de sequía. Las consecuencias económicas de esa irregularidad climática no son menos gravosas que las naturales: una y otra sequía empobrecen el stock ganadero, hacen cesar toda producción agrícola en la provincia castigada, provocan inmensas emigraciones de ganados hacia las zonas menos afectadas.
Las provincias interiores se acostumbran a paliar su miseria pública buscando subvenciones porteñas, las guerras asentían esa miseria. Rosas se esforzó para ahorrar a la economía de su provincia la más pesadas consecuencias negativas de ella. Para hacer frente a los gastos ordinarios tiene los ingresos aduaneros. Durante los bloqueos (1838-1840 / 1845) esa prudencia en los gastos no fue suficiente. Los ingresos de aduana desaparecen. Para atender a las necesidades de la guerra, el régimen acude a un recursos heredado de su etapa anterior: la emisión de papel moneda inconvertible. La coexistencia del metálico y un papel moneda de valor variable no era una sorpresa. Surgió en Buenos Aires un sistema de doble circulación de monedas y valores: el papel moneda para todas las transacciones internas; el metálico para atesoramiento y comercio con el interior; la carta de Londres (promesa de pago en la City) para los negocios internacionales.
A partir de 1835, el régimen rosista limito cada vez más los gastos a lo indispensable. Pero el valor del papel tenía una misteriosa capacidad para sobrevivir: el total de la masa de circulante equivalía a doce millones de pesos plata en 1836, y cerca de ochenta millones en 1851. La moneda era interna y las tentativas de expandir su área de circulación a otras provincias fracasaron. La emisión provocaba una redistribución de ingresos que afectaba más negativamente a los más modestos, también estas emisiones eran acompañadas por levas militares. El peso de los salarios rurales era desde el comienzo muy bajos.
Los bloqueos hicieron que aumentaran las exigencias fiscales y logró interrumpir el comercio ultramarino durante más de dos años. El resultado fue una carestía de productos importados. También se detuvo el sacrificio de animales para exportación que trajo consigo una crisis de la economía rural. En la ciudad se expandió la industria de la construcción, siendo el único negocio donde era posible invertir.
Buenos Aires se mantuvo protegida en la época del bloqueo, sólo la revolución del sur en 1839, dejó en herencia una prolongada decadencia de ciertos rincones de la campaña meridional porteña. Esto dejó indisciplina en el trabajo y de inseguridad frente a las depredaciones cuya eliminación sólo se lograría gracias al prolongado esfuerzo de la administración rosista. Más grave era el peso de la guerra y las crisis interprovinciales en el Litoral, desde Corrientes. Aún cuando las victorias federales alejaron al enemigo de Entre Ríos, la guerra oriental alejó durante años de la provincia a la mayor parte de su población activa y condujo a la prohibición de matanza de ganado para saladero y de marcación de vacunos que duró de 1844 al 1846.

Avances de la economía porteña

Entre 1830 y 1852, Bs. As, prosigue su expansión ganadera. De la década anterior era la expansión del saladero. A partir de 1830, se difunde la grasería, el vapor que extrae la grasa de reses enteres y permite ofrecer a los mercados ultramarinos materias grasas capaces de batir en precio al sebo ruso. La grasería se difunde en costas y campañas a través de los hacendados y de comerciantes locales.
La producción de cueros excede las posibilidades de absorción del mercado británico. El progresivo poblamiento de tierras nuevas aumenta el saldo exportable. Este proceso va acompañado de una privatización. El fracaso de la enfiteusis hizo que la Rosas reemplazará por el sistema de venta de tierras.
A mediados del 40 surge en Rio Grande do Sul muchos saladeros que ofrecen productos a precios más bajos que los bonaerenses. Es el comienzo de la ganadería más allá del Paraná y el Plata. El reemplazo del vacuno por el ovino que se traduce en la aparición de la lana entre las exportaciones importantes de la provincia. Era necesario más mano de obra. Mientras en la Capital, campesinos gallegos eran ofrecidos por contrato por los mercaderes que los han importado, los irlandeses expulsados por hambre o vascos exiliados de sus tierras por guerras civiles y levas retoman su vida de pastores en Buenos Aires. En el sur, irlandeses y más al sur, vascos. La mestización fue un hecho corriente entre los porteños.
En el norte y el oeste la oveja avanza. La provincia fue explotada hasta agotarse las posibilidades de expansión del vacuno.

Reconstrucción económica del interior

No es sólo la paz la que explica la prosperidad del interior, sino es un eco que viene desde el pacífico. En California todo el metálico hizo que ascendiera la economía mundial, también Chile ofrece un mercado de la agricultura: trigo del Valle Central. El interés por la reconstrucción agrícola se traduce en la reaparición de inversiones públicas. Pero este renacer se da en el segmento central y septentrional de la franja andina, muy cerca del semidesierto, que ofrece alimento a los mineros de la zona. En Mendoza y San Juan triunfa la alfalfa frente a la vid y el cereal. En San Juan, La Rioja y Catamarca se da alimento y descanso a vacadas y recuas de las provincias centrales, Santiago del Estero, San Luis, Los Llanos de la Rioja que las cruzan en busca del mercado chileno. Pero esta prosperidad no se veía reflejada en lo social, ya que la expansión de cultivos para forraje o exportación sólo es posible marginando a una porción de las poblaciones rurales, mientras en el Litoral se advierte cada vez más que el problema es llenar la tierra. La ganadería vacuna y mular tiene sus mercados no sólo en Chile y Bolivia sino también en Buenos Aires. Tucumán tenia muchas actividades artesanales en torno al cuero y madera.

Fuente: HISTORIA ARGENTINA 2 – Tulio Halperin Donghi – Piadós (1998)